El hombre está obligado a construir su sentido para vivir como un hombre. Hubo épocas en que esta tarea no requería un esfuerzo individual, porque el sentido de la vida había sido edificado comunitariamente, era compartido, aceptado y defendido con denuedo por una consistente mayoría. Así ocurrió, por ejemplo, durante la Edad Media, el hombre conocía su origen, su destino, su lugar en el mundo y estaba al tanto de su dignidad de hijo de Dios. La dureza de la vida cotidiana, el sometimiento, el hambre y la enfermedad, eran interpretadas como oportunidades de purificación; pasos necesarios para acercarse a un dios que apreciaba a las víctimas y recompensaba la mortificación y el sufrimiento con la vida eterna. A pesar del dolor, el sentido de la vida humana estaba a salvo, es más, aparecía claro e indudable, fijo en su transcurso como las estrellas del cielo.
En nuestros tiempos, esta comunión de sentido es imposible. Ordenar las incontables concepciones de lo humano, su significación, su estructura y sus posibles derroteros desborda los márgenes del pensamiento racional. Ante esta multiplicidad abigarrada y contradictoria que nos dice quién es y quién debe ser el hombre desde una infinita gama de perspectivas, incluso contradictorias, estamos solos y debemos escoger libremente.
Ya sea dentro de nuestra tradición cultural (que es aún lo más frecuente) o fuera de ella, disponemos de todo el acervo que se nos ha comunicado acerca de lo humano. De lo biológico como fundamento necesario y de lo social como constituyente básico, garantizado en su accionar por la presencia de lo ético.
En la búsqueda del sentido, la noción de las peripecias y hallazgos de otros buscadores, el acto de reconocernoes en ellos, en su afán de armonizar lo que en la experiencia se nos aparece a veces desordenado y disperso, podría sustentarse el proceso de construcción de nuestro sentido individual. Un sentido que se nutre libremente de la inagotable vertiente de la vida, que nos permite escoger como piedras de construcción aquello que nos define de acuerdo con nuestras propias afinidades, sin abandonar la enorme calzada por la que transitamos en medio de la gigantesca corriente a la que llamamos humanidad, que es nuestra humanidad.


Sentido de la vida
Hasta ahora el sentido de nuestra vida la ha dado la razón, esa razón que nos distingue de los animales y eleva nuestro ego para sentirnos superiores; aunque la parte racional del hombre ha logrado progresos en la ciencia e interpretaciones filosóficas de la vida, no nos ha explicado el sentido de nuestra vida.
El sentido de nuestra vida no esta en nuestra razón, ser racionales solo es un pequeño porcentaje de nuestra mente, no es nuestro mundo, solo es nuestra costumbre; cada individualidad de costumbres maneja una realidad diferente, esa individualidad nos lleva a las disputas y siempre será así actuando con la razón. El sentido de nuestra vida tal vez este en nuestro inconciente, esa fuerza poderosa ante la cual la razón no es nada.
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Luis Samanamud
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